Cada vez que alguien entra en este blog, y no deja ningún comentario, en algún lugar muere un gatito. ¿Vas a ser responsable de la muerte de un gatito?
El coronel ya tiene quien le escriba
jueves, 13 de diciembre de 2012
miércoles, 22 de junio de 2011
Homenaje a Asimov
Creo que siente lástima,
creo que siente pena,
creo que siente,
pero sentir no sirve para nada:
la sagrada ley de la robótica
grabada en su cerebro positrónico
convierte la aventura calabiótica
en otro inútil gesto electrónico:
Cuidará de mi cuerpo eternamente.
La nave girará constantemente,
convertida en ataúd errante
alrededor del planeta yacente,
ciego y mudo testigo a cada instante
de esta muerte, que es vida permanente.
Diariamente le pido que me mate,
que me deje morir,
que detenga el corazón que siempre late,
que acabe mi sufrir.
Y sé que siente lástima,
y sé que siente pena,
pero sentir no sirve para nada,
y mi eterno vagar por la afilada
montaña del soñar,
no ha hecho más que empezar.
M.J.
M.J.
sábado, 18 de junio de 2011
Un entierro verde
La muerte es triste, el dolor es sufrimiento, pero cuando el dolor te da calambres en los brazos por el peso de un cuerpo muerto, y cuando las manos se cubren de ampollas al manejar inexpertamente el pico y la pala, parece que el sufrimiento desaparece, y una vez más vivimos solo para el aquí y ahora, y ese aquí y ese ahora nos dice que descansemos a la sombra de esa preciosa encina, que contemplemos la vista hermosa que la altura nos ofrece, que respiremos esa suave brisa que nos llena los pulmones, que nos seca el sudor, y que escupamos en las manos antes de dar unos últimos toques a la dura tierra, que se abre para recoger lo que le ofrecemos, libre de obstáculos, sin ataduras, sin envolturas, un cuerpo que vuelve a la tierra para ofrecerse como alimento, para crear nueva vida, para cumplir el ciclo de la naturaleza, para esperarme...
M.J.
sábado, 25 de diciembre de 2010
Veinte centímetros
¿Pero de verdad sabéis lo que son veinte centímetros? Parece poco, pero os puedo asegurar que es demasiado, al menos para mí; ya sé que muchas mujeres consideran que es el tamaño ideal, y puede que lo sea, puede que yo sea poca mujer para tanto tamaño, porque en realidad no lo había probado hasta hace poco, y os puedo asegurar que la experiencia me resultó dolorosa, casi traumática, y a Dios pongo por testigo de que no lo repetiré, que volveré a contentarme con bastante menos, ¡pero si hoy apenas puedo caminar! Os aseguro que me siento completamente dolorida, que cada paso que doy es una tortura insufrible... no, nunca más, jamás volveré a ponerme tacones de veinte centímetros.
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