Creo que siente lástima,
creo que siente pena,
creo que siente,
pero sentir no sirve para nada:
la sagrada ley de la robótica
grabada en su cerebro positrónico
convierte la aventura calabiótica
en otro inútil gesto electrónico:
Cuidará de mi cuerpo eternamente.
La nave girará constantemente,
convertida en ataúd errante
alrededor del planeta yacente,
ciego y mudo testigo a cada instante
de esta muerte, que es vida permanente.
Diariamente le pido que me mate,
que me deje morir,
que detenga el corazón que siempre late,
que acabe mi sufrir.
Y sé que siente lástima,
y sé que siente pena,
pero sentir no sirve para nada,
y mi eterno vagar por la afilada
montaña del soñar,
no ha hecho más que empezar.
M.J.
M.J.
